"La valentía de ser sinceros con los demás (y con nosotros mismos)"

No solo se puede ser sincero con las palabras, las actitudes también son un reflejo de cuán honestos podemos ser. Sin embargo, cuando tratamos de aparentar ser algo que no somos, claramente podemos engañar a otros pero nunca a nosotros mismos, y caer en esta falta de honestidad hacia nuestro propio ser indefectiblemente daña la propia estima.


Y la verdad es que solo nos tenemos a nosotros mismos y cuanto antes nos aceptemos como somos, mejor para nosotros, con defectos y virtudes, y simplemente asumir el trabajo que pueda implicar lograr ser lo que quizás es más fácil aparentar emprendiendo todas las acciones necesarias para ello.


Cuando las personas se sumergen en la trampa de aparentar, viven con el temor de ser desenmascarados y junto con esto perder la confianza y la admiración que pudieran haber ganado gracias a la mentira, lo que hace que se hundan más y más en el barro de esta auto estafa que los limita de vivir una vida real y una interacción honesta con las personas de nuestra propia y única vida.


En el otro extremo de la mentira de aparentar, tenemos a aquellas personas que pecan de complacientes y que se postergan a sí mismos una y otra y otra vez, y que cuando son mayores miran atrás y caen de una vez en cuentas de que durante toda su vida no fueron capaces de escuchar sus propias corazonadas, y que vivieron una vida incompleta siguiendo reglas impuestas, carreras que les desagradaban, creencias sin sentido solo por encajar, etc., estas personas transitan por una vida gris y sin sentido, complaciendo a sus pares quienes quizás tampoco son felices, y qué hicieron con sus motivaciones? ¿Con lo que les apasionaba hacer con toda el alma?


Liberarse de los mandatos externos y escuchar las voces internas que nos hablan y nos piden a gritos ser lo que decidamos ser, desinternalizando aquellos mandatos que venían de otros, para ser en consecuencia, auténticos y honestos requiere el valor de animarse a vivir una vida donde simplemente somos nosotros mismos, en una búsqueda constante de las respuestas a las inquietudes de nuestro propio ser adaptándonos a nuestros permanentes cambios, permitiéndonos evolucionarnos a nosotros mismos, en contraposición a lo estático de ser para otros.


Es eso, mostrarnos así nomás, con todo, de manera íntegra, sincera y honesta, desnudos, restándole valor a la mirada ajena, a las críticas, a los modelos que vienen de afuera, modas, creencias y tradiciones, entendiendo y aceptando genuinamente todas las limitaciones que esto pudiera generar para poder ponerle foco al fin, a nuestra propia alma.


En esta sociedad, donde todos los días vemos el frenesí social por parecerse al otro, ser como el otro para lograr ser aceptado, es todo un desafío pensar entrar en los espacios que nos tiene guardado nuestro propio mundo interno y saber qué deseamos realmente como ser único e irrepetible, no vaya a ser que esos deseos me saquen de lo que he logrado construir para sentirme parte de esta sociedad.


Liberarse de las culpas, por no querer hacer y por no hacer aquello para lo que siento que no he nacido es un primer paso, decirle no a los deberes impuestos y al aparentar para que me vean de mejor modo es otro paso.


Ser sinceros nos abre a un mundo de paz, de amor propio y de brillo interior, que nos muestra ante el mundo como seres auténticos y dignos de confianza, porque solo así somos capaces de transparentar nuestra propia y única belleza interior.


Ps. Romina Maroli






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